El violento episodio armado registrado en la ciudad de La Paz generó una fuerte repercusión institucional y judicial a escala regional. La letrada boliviana Nadia Beller fue víctima de un ataque a balazos al momento de salir de un complejo hotelero, debiendo ser intervenida quirúrgicamente de urgencia tras recibir cuatro impactos de proyectil.
Desde el hospital donde permanece internada bajo estricto cordón de seguridad, Beller brindó un testimonio público en el que responsabilizó directamente a su pareja, el consultor político y estratega digital argentino Fernando Cerimedo, tipificando lo acontecido como un intento de femicidio y solicitando resguardo formal ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
La reconstrucción técnica de los hechos
El Ministerio Público boliviano dispuso una serie de diligencias inmediatas para contrastar las declaraciones testimoniales con elementos de convicción objetivos. Las pesquisas abarcan el relevamiento de cámaras de seguridad públicas y privadas en el perímetro del hotel, peritajes balísticos sobre las vainas servidas recolectadas en el lugar y el análisis del tráfico de antenas de telefonía celular.
Trazabilidad del desplazamiento de los atacantes que simularon tareas de reparto a domicilio.
Geolocalización, llamadas entrantes/salientes y mensajes previos al atentado.
Recuperación de copias de seguridad en la nube asociadas a los dispositivos denunciados como sustraídos.
El impacto transnacional del caso
Dada la notoriedad pública de Cerimedo en campañas electorales y asesorías de comunicación política en el Cono Sur, el caso tomó inmediata relevancia internacional. Fuentes judiciales enfatizan la importancia de separar las consideraciones de índole política del estricto análisis probatorio penal.
Paralelamente, la fiscalía evalúa los antecedentes de denuncias previas mencionadas por la víctima en su exposición, con el propósito de determinar si existía un patrón previo de hostigamiento o amenazas que deba ser incorporado formalmente al expediente principal.
La prioridad insoslayable es garantizar la integridad física de la denunciante y preservar intacta la cadena de custodia de las pruebas para que la verdad procesal emerja sin distorsiones.
