Dos competencias internacionales con actividad en el CeNARD reunieron a unos 1.180 deportistas en Buenos Aires: 480 participantes del XX Campeonato Mundial de Pelota Vasca, distribuido en varias sedes, y 700 del torneo de taekwondo Patu-12. La simultaneidad puso a prueba la capacidad necesaria para recibir delegaciones, entrenadores y público.
La Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes presentó ambas convocatorias como acontecimientos con efecto sobre hotelería, gastronomía y transporte. Esa relación es plausible por el movimiento de visitantes, aunque el comunicado no publicó una medición económica que permita cuantificar el impacto.
Dos torneos con alcances diferentes
El Patu-12 funcionó como clasificatorio para el Panamericano de taekwondo y continuó durante el fin de semana en el Polideportivo León Najnudel. Entre los asistentes estuvieron representantes argentinos que habían obtenido medallas en los Juegos Suramericanos de Santa Fe.
El Mundial de Pelota Vasca, en cambio, se extenderá hasta el 24 de octubre. Es la primera edición absoluta realizada en la Argentina y distribuye sus competencias entre el CeNARD, el Club Ciudad de Buenos Aires y el Club Banco Provincia. Colonia del Sacramento, en Uruguay, actúa como subsede para la cesta punta.
La dimensión internacional
La pelota vasca reúne delegaciones de 15 países y nueve modalidades femeninas y masculinas: mano, paleta de goma, paleta de cuero, pala corta, frontenis, frontball, cesta punta, xare y pelota adaptada. Participan equipos europeos y americanos, además de la representación argentina.
Agenda Plural había presentado la trayectoria de Alfredo Villegas y la importancia deportiva del Mundial. La coincidencia con el taekwondo agrega otra pregunta: qué infraestructura y servicios requiere sostener más de una competencia internacional al mismo tiempo.
Qué falta para medir el efecto turístico
La cantidad de competidores no equivale automáticamente a visitantes únicos ni a ocupación hotelera. Para evaluar el beneficio económico harían falta datos de estadía promedio, acompañantes, procedencia, gasto y contratación de servicios locales.
El balance también debe incluir la inversión en instalaciones y el uso posterior de las mejoras. El legado será mayor si los espacios renovados continúan disponibles para entrenamiento y competencias una vez terminados los torneos, y si la experiencia permite planificar futuras sedes con información pública.
