La molienda argentina de maní alcanzó 213.942 toneladas entre enero y agosto de 2026, un aumento interanual de 30,7%. El dato muestra un avance de la etapa industrial de una cadena que no se limita a exportar el grano: también produce aceite, pellets y otros derivados.
El informe difundido por la Secretaría de Agricultura registró 84.147 toneladas de aceite, 109.011 de pellets y 12.310 de otros productos. Esas cantidades describen salidas industriales informadas para el período y no deben interpretarse como una equivalencia automática con el volumen molido, porque cada categoría tiene procesos y mediciones diferentes.
Qué cambia cuando crece el procesamiento
La molienda agrega etapas productivas antes de la venta. El aceite se dirige a usos alimentarios e industriales; los pellets aprovechan el material sólido remanente y pueden integrarse a cadenas de alimentación animal. Esa diversificación permite atender mercados distintos y reducir la dependencia de una sola presentación comercial.
El crecimiento también exige capacidad instalada, logística y controles de calidad. Córdoba concentra la mayor parte de la producción primaria y del entramado industrial, por lo que el desempeño del complejo tiene impacto directo sobre plantas, transporte y empleo regional.
Exportaciones por USD 753 millones
Entre enero y agosto, las ventas externas de maní y productos derivados totalizaron 661.784 toneladas, 22,7% más que un año antes, por USD 753 millones. China, la Unión Europea, el Reino Unido, Australia y Chile aparecieron entre los destinos principales.
El volumen exportado comprende distintas mercaderías del complejo y, por eso, no resulta comparable de manera lineal con las toneladas ingresadas a molienda. Una parte corresponde a maní sin transformar y otra a productos elaborados, cada uno con peso, precio y demanda propios.
Una cadena orientada al mercado externo
El INTA estima que cerca del 95% de la producción argentina de maní se destina a la exportación. Esa orientación vuelve relevantes la trazabilidad, la estabilidad sanitaria y las exigencias ambientales de los compradores. El organismo también ha medido la huella del cultivo y su industrialización para identificar puntos de mejora a lo largo del proceso.
El balance de los primeros ocho meses combina más molienda y más ventas externas, pero no anticipa por sí solo el resultado de todo el año. Precios internacionales, disponibilidad de materia prima y demanda por destino seguirán determinando cuánto del crecimiento físico se traduce en mayores ingresos para la cadena.
