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Tango · Memoria cultural

Cátulo Castillo: del boxeo al lenguaje poético que transformó el tango

A 51 años de su muerte, su obra conserva piezas fundamentales del cancionero argentino. Su trayectoria también atravesó la docencia, la gestión cultural y la defensa de los animales.

Escritorio de poeta de tango con partituras, bandoneón y antiguos guantes de boxeo en un café porteño
Recreación ilustrativa. La biografía de Cátulo Castillo reunió música, poesía, boxeo, docencia y gestión cultural.
RB

Por Editora de Cultura y Espectáculos

Espectáculos

Cátulo Castillo murió hace 51 años, pero una parte sustancial de su obra sigue circulando en el repertorio del tango. La asociación con Aníbal Troilo produjo canciones como María, La última curda y Desencuentro, donde la poesía amplió el modo de narrar la ciudad, la pérdida y los vínculos.

La reseña de la Secretaría de Cultura recuerda que Ovidio Cátulo González Castillo nació en Buenos Aires el 6 de agosto de 1906 y murió el 19 de octubre de 1975. Su formación musical comenzó durante la infancia.

Una trayectoria que también pasó por el ring

Antes de dedicarse plenamente a las letras, Cátulo compitió como boxeador, fue campeón argentino de peso pluma y llegó a ser considerado para los Juegos Olímpicos de Ámsterdam. Esa etapa no quedó como una simple curiosidad: muestra la convivencia de mundos populares que luego atravesaron su escritura.

Su primera proyección musical estuvo ligada a Organito de la tarde, con texto de su padre, José González Castillo. En 1927 viajó a España con una orquesta integrada por músicos como Ricardo Malerba y Miguel Caló.

La sociedad creativa con Troilo

El encuentro con Aníbal Troilo produjo un repertorio que combinó melodía y una escritura de fuerte densidad emocional. Castillo también firmó letras y composiciones como Tinta roja, Caserón de tejas y Café de los Angelitos.

Su trabajo excedió la canción. Fue periodista, dramaturgo, docente del Conservatorio Municipal Manuel de Falla y presidente de la Comisión Nacional de Cultura. Desde esa función impulsó la presencia del tango en espacios que todavía lo miraban con distancia.

Animales, docencia y reconocimiento

Junto con Amanda Peluffo fundó el Movimiento Argentino de Protección Animal y convirtió su casa de Paso del Rey en refugio para decenas de perros y gatos. Esa actividad integró una faceta pública menos difundida que su producción musical.

En 1974 fue reconocido como Ciudadano Ilustre de Buenos Aires y al año siguiente recibió el Gran Premio Anual del Fondo Nacional de las Artes. La permanencia de sus canciones ofrece una medida más duradera: su lenguaje continúa funcionando como una de las formas en que el tango piensa la experiencia urbana argentina.