Cuatro de cada diez personas que asumen la responsabilidad principal por el cuidado de un familiar atraviesan un nivel severo de sobrecarga, según un informe de la Universidad Austral difundido este 1 de octubre. El dato describe un impacto físico, emocional y social que suele quedar oculto dentro de los hogares.
Qué se midió
El estudio utilizó la Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit, un cuestionario de 22 preguntas que indaga falta de tiempo personal, tensión entre cuidado y trabajo, vida social, enojo, agotamiento y sensación de pérdida de control. La herramienta no reemplaza una evaluación clínica individual, pero permite identificar niveles de presión y necesidades de apoyo.
La prevalencia general del cuidado familiar alcanzó al 20,4% de las personas encuestadas. Entre las tareas registradas predominaron el acompañamiento afectivo y emocional, la compañía, la asistencia sanitaria y el apoyo económico o alimentario. La responsabilidad principal mostró además una distribución desigual entre mujeres y varones.
Por qué la carga no es solo un asunto privado
Cuando el cuidado se concentra en una persona sin descansos, redes o servicios adecuados, aumentan los riesgos de agotamiento y aislamiento. Las respuestas posibles incluyen orientación profesional, distribución de tareas, licencias, centros de día y apoyos comunitarios. Ninguna medida es universal: depende del grado de dependencia, los recursos y la organización familiar.
El informe aporta una señal para políticas de salud y protección social. También recuerda que pedir ayuda no implica abandonar a la persona cuidada, sino sostener el vínculo con mejores condiciones.
