Una secuencia diaria iniciada en 1937 convirtió a la estación agrometeorológica de Las Breñas en una referencia para reconstruir el clima del sudoeste chaqueño. La continuidad de las mediciones permite comparar campañas, identificar extremos y tomar decisiones con una base que atraviesa casi nueve décadas.
El registro comenzó con observaciones de temperatura y precipitaciones en el campo experimental. Con el tiempo incorporó heliofanógrafo, tanque de evaporación, anemómetros y termómetros de suelo. Desde 2007 funciona además una estación automática que publica información en línea, sin reemplazar el valor de la serie histórica.
Qué revela la serie de lluvias
El balance difundido por el INTA ubica la precipitación media anual de Las Breñas en torno de 950 milímetros. Tres cuartas partes del agua caen entre octubre y marzo; enero promedia 141 milímetros y julio, apenas 15.
La amplitud entre años muestra por qué una media no describe por sí sola el riesgo productivo. Enero de 2019 acumuló 438,6 milímetros, el mayor valor mensual de la serie, mientras que 2008 fue el año más seco, con 513,5 milímetros.
Temperaturas y heladas fuera de lo habitual
La temperatura media anual es de 21,4 °C. El máximo registrado llegó a 45,6 °C el 8 de diciembre de 2022 y el mínimo descendió a −7,5 °C el 20 de julio de 1957. Esos extremos permiten dimensionar episodios que pueden afectar cultivos, infraestructura y salud.
Las heladas medidas a cinco centímetros del suelo dejan, en promedio, 266 días libres del fenómeno: la primera suele ocurrir hacia el 31 de mayo y la última alrededor del 6 de septiembre. Sin embargo, la serie documentó una helada temprana el 15 de abril de 2008 y otra tardía el 2 de noviembre de 2022.
Por qué importa conservar una observación continua
Los datos sirven para elegir fechas de siembra, emitir alertas, interpretar ensayos, analizar sequías y excesos hídricos y responder consultas de productores, escuelas y municipios. También ofrecen contexto para distinguir una oscilación estacional de un acontecimiento realmente excepcional.
La estación lleva el nombre de Delfino Juan Palaoro, quien estuvo a cargo de las observaciones entre 1952 y 1983. Desde 2005 la tarea es sostenida por Germán Herrera. La historia demuestra que la tecnología amplía la capacidad de medir, pero una serie útil depende también de protocolos estables y continuidad humana.
En un escenario de variabilidad climática, estos antecedentes ayudan a leer pronósticos y alertas con perspectiva. La cobertura sobre las lluvias asociadas a El Niño en 2026 muestra cómo los fenómenos de gran escala adquieren efectos distintos cuando se los compara con registros locales prolongados.
