Agenda Plural · Buenos Aires · 30 de agosto de 2026Edición digital · Periodismo independiente
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Sergio Massa: De prometer barrer a los ñoquis de La Cámpora a los viajes millonarios sin justificación

El ex candidato presidencial del peronismo, que alguna vez juró meter presos a los corruptos y barrer con los ñoquis de La Cámpora, hoy enfrenta el escrutinio público por su inexplicable nivel de vida, sus viajes internacionales constantes y su regreso al espacio político que supo denostar.

Sergio Massa caminando por un aeropuerto con su valija
Sergio Massa en uno de sus múltiples desplazamientos internacionales, cuyo financiamiento genera interrogantes.

Por Directora editorial · Política

Política · 6 min de lectura
1999Año de ingreso a la función pública nacional
MúltiplesViajes sin declaración clara
IncongruenciaEntre ingresos y gastos

La política argentina es un escenario donde las convicciones suelen ser tan maleables como la conveniencia de turno lo exija. Sin embargo, pocos dirigentes han encarnado esta plasticidad con la destreza y la desfachatez de Sergio Massa. El hombre que en 2015 prometía, a voz en cuello y ante multitudes, "barrer a los ñoquis de La Cámpora" y "meter presos a los corruptos" del kirchnerismo, terminó siendo el candidato presidencial ungido por ese mismo espacio político. Pero las contradicciones discursivas palidecen ante los interrogantes más terrenales y pragmáticos que hoy rodean su figura: ¿cómo se financia el ostentoso nivel de vida y los viajes millonarios de un dirigente cuyo salario oficial, a lo largo de décadas en la función pública, resulta suspicazmente bajo para justificar semejante despliegue?

Para entender la magnitud de esta incongruencia, es necesario retroceder y repasar la trayectoria de un dirigente que ha hecho de la ambigüedad su principal capital político. Massa construyó su candidatura presidencial en 2015 como la contracara nítida y feroz de Cristina Fernández de Kirchner. Su discurso era implacable: el Frente para la Victoria representaba el pasado, la corrupción y el estancamiento. Sus spots de campaña prometían una purga institucional, asegurando que con él en el poder, los militantes de La Cámpora que ocupaban cargos en el Estado serían expulsados sin miramientos. Fue esa retórica la que le permitió capturar a un electorado desencantado con el cristinismo pero reticente a abrazar la propuesta de Mauricio Macri.

El retorno al origen y el abrazo con los "ñoquis"

La historia, sin embargo, tenía otros planes. Tras el fracaso de la gestión de Cambiemos, el pragmatismo puro y duro se impuso. Massa no solo regresó al espacio que había jurado destruir, sino que lo hizo asumiendo roles protagónicos: primero como presidente de la Cámara de Diputados y luego como un "súper ministro" de Economía, en un intento desesperado por contener la crisis inflacionaria de la gestión de Alberto Fernández. El abrazo con Máximo Kirchner y los dirigentes de La Cámpora, a quienes otrora tildaba de "parásitos del Estado", se convirtió en la postal recurrente de un oficialismo que buscaba mostrar unidad ante el abismo económico.

Esta amnesia política selectiva podría interpretarse simplemente como el peaje habitual que cobran las alianzas de poder. No obstante, el escrutinio sobre Sergio Massa ha dejado de centrarse exclusivamente en sus piruetas ideológicas para posarse sobre sus finanzas personales y su estilo de vida. A pesar de haber ocupado cargos públicos casi ininterrumpidamente desde finales de la década de 1990 —como titular de la ANSES, intendente de Tigre, diputado nacional, jefe de Gabinete y ministro—, los ingresos declarados por el dirigente tigrense no parecen alinearse con la realidad de sus gastos.

Viajes internacionales y un nivel de vida inexplicable

El punto más álgido de estas sospechas se centra en los reiterados viajes internacionales de Massa, tanto en su rol de funcionario como en su etapa posterior a la derrota electoral de 2023. Se han documentado desplazamientos en vuelos privados, estadías en hoteles de lujo en Estados Unidos y Europa, y un nivel de consumo que difícilmente puede sustentarse con el salario de un funcionario público argentino, históricamente devaluado y golpeado por la inflación que él mismo no logró domar durante su gestión.

Las explicaciones oficiales sobre el financiamiento de estos viajes suelen ser evasivas. Se habla de invitaciones de fondos de inversión, conferencias remuneradas o el difuso paraguas de sus "contactos internacionales". Sin embargo, la falta de transparencia es alarmante. ¿Quién paga los aviones privados? ¿Qué contraprestación ofrecen esos fondos de inversión a cambio de financiar las giras de un dirigente político con aspiraciones de poder? En un país asfixiado por la pobreza y la falta de reservas, la ostentación de un estilo de vida que no se condice con los ingresos fiscales declarados constituye no solo una falta ética grave, sino también un indicio que, en democracias más maduras, motivaría investigaciones judiciales exhaustivas.

La ecuación patrimonial que no cierra

El patrimonio declarado de Massa ha sido objeto de análisis y controversia. A simple vista, sus declaraciones juradas muestran un crecimiento conservador, con propiedades en Tigre y algunos ahorros. Pero la brecha entre lo declarado y lo exhibido es abismal. La política argentina tiene una larga tradición de funcionarios que enriquecen su patrimonio de manera exponencial durante su paso por el Estado, utilizando testaferros, empresas fantasma o fundaciones para triangular fondos. En el caso de Massa, la "suerte" parece haberle sonreído de manera constante a su círculo íntimo y a sus aliados empresariales, quienes suelen prosperar coincidiendo sospechosamente con su ascenso en el organigrama del poder.

Además, el manejo discrecional de recursos durante su etapa como ministro de Economía, caracterizada por la creación de múltiples tipos de cambio (los famosos "dólar soja", "dólar agro", etc.) y la asignación arbitraria de permisos de importación (SIRA), generó un caldo de cultivo ideal para el tráfico de influencias y el enriquecimiento de sectores corporativos afines. No son pocos los analistas económicos y políticos que sugieren que el financiamiento de su campaña presidencial y de su actual nivel de vida proviene de los "favores" concedidos durante esos meses de poder absoluto sobre las finanzas del país.

El silencio cómplice y el futuro político

Resulta llamativo el silencio de gran parte del arco político y mediático frente a estas incongruencias patrimoniales. Mientras otros dirigentes enfrentan escrutinios implacables, Massa parece gozar de un escudo protector, cimentado en su aceitada red de relaciones con empresarios, dueños de medios y actores del poder judicial. Su capacidad para tejer alianzas transversales lo ha convertido en un actor indispensable, pero también en uno intocable.

El regreso de Sergio Massa al kirchnerismo no fue solo una claudicación discursiva; fue un pacto de supervivencia política y económica. Al jurar que no volvería a estar con quienes finalmente se alió, no solo defraudó a sus votantes, sino que expuso la matriz transaccional de su forma de hacer política. Hoy, mientras camina por los aeropuertos del mundo, financiado por orígenes que se niega a transparentar y ostentando un lujo que su salario histórico no puede justificar, Sergio Massa representa la paradoja más cruda de la política argentina: un sistema donde las promesas se desvanecen en el aire, pero los privilegios se acumulan en cuentas y vuelos privados que la sociedad financia, de una forma u otra, con su empobrecimiento sistemático.

Malena Quiroga

Periodista y editora con experiencia en cobertura parlamentaria y gestión pública. Coordina la agenda diaria y supervisa los procesos de verificación de la redacción.

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