Agenda Plural · Buenos Aires · 15 de septiembre de 2026Edición digital · Periodismo independiente
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Música clásica · Teatro Colón

András Schiff convirtió el Colón en una lección

El pianista húngaro construyó un recorrido sin programa anunciado y enlazó obras de Bach, Mozart, Haydn, Beethoven, Schubert, Chopin, Schumann y Bartók.

Pianista visto de espaldas frente a un gran piano en una sala lírica
La imagen es una representación conceptual y no documenta el concierto de András Schiff en el Teatro Colón.

Por Editora de Cultura y Espectáculos

Espectáculos · 6 min de lectura
3 h 30Duración aproximada
2Partes del concierto
74ªTemporada del Mozarteum

Sir András Schiff ofreció en el Teatro Colón un concierto de casi tres horas y media que funcionó también como una clase abierta sobre cómo escucha y relaciona la música. En su primera participación dentro de la temporada del Mozarteum Argentino, el pianista húngaro evitó anunciar un programa cerrado y fue presentando cada obra desde el escenario.

El recorrido reunió páginas de Bach, Mozart, Haydn y Beethoven, y se extendió con bises de Schubert, Chopin, Schumann, Bartók y nuevamente Mozart. La amplitud del repertorio no produjo una sucesión desordenada. Schiff construyó vínculos tonales, históricos y expresivos, explicó algunos de ellos con brevedad y dejó que el piano completara el argumento.

Un programa decidido frente al público

Schiff adoptó hace años la práctica de no comunicar previamente todas las piezas. Esa libertad no equivale a improvisación sin estructura. El intérprete selecciona obras que pueden conversar por tonalidad, forma, influencia o carácter y utiliza sus intervenciones habladas para señalar relaciones que luego vuelven audibles.

La apertura con el aria de las Variaciones Goldberg estableció a Bach como punto de partida. Después llegaron el Capriccio sopra la lontananza del suo fratello dilettissimo y la Sonata K. 570 de Mozart, ambas en si bemol mayor. El enlace permitió comparar cómo dos compositores construyen mundos distintos a partir de un territorio tonal común.

La decisión de exponer el proceso de escucha acercó una tradición compleja sin simplificarla. La presentación recordó que un concierto no necesita ocultar sus ideas para conservar misterio. Esa búsqueda de mediación dialoga, desde otro lenguaje, con la manera en que músicos de larga trayectoria ordenan un nuevo repertorio.

El diálogo entre Bach y Mozart

La primera parte exploró de manera sostenida esa relación. En la Suite francesa número 5, Schiff destacó el origen geográfico de las danzas y las reunió como una pequeña Europa musical. La Gigue K. 574 de Mozart, escrita después de su contacto con la tradición bachiana en Leipzig, mostró cómo una influencia puede ser absorbida y transformada.

El Ricercar a 3 de La ofrenda musical condujo a la Fantasía K. 475. Schiff explicó la historia del tema asociado con Federico el Grande y tocó sus apariciones para que el público reconociera la conversación entre épocas. El recurso didáctico no interrumpió el concierto: convirtió la explicación en una preparación para escuchar.

El Concierto italiano cerró esa parte con impulso rítmico. Allí apareció una dimensión física de Bach que puede perderse cuando se lo presenta únicamente como arquitectura intelectual. La claridad de voces convivió con energía, flexibilidad y movimiento.

Haydn y Beethoven: otra relación con el tiempo

Después del intervalo, las Andante con variazioni en fa menor de Haydn abrieron el camino hacia la Sonata Opus 111 de Beethoven. La transición unió dos concepciones de la variación y permitió escuchar cómo una forma aparentemente estable puede modificar de manera progresiva la percepción del tiempo.

La última sonata de Beethoven, organizada en dos movimientos, exige sostener tensión sin depender de un final convencional. En la Arietta, los cambios de registro, los silencios y los trinos parecieron desprender a la música de la obligación de avanzar hacia una resolución inmediata. Schiff evitó convertir ese proceso en una exhibición de virtuosismo.

La concentración del intérprete y su economía de movimientos reforzaron una idea central: el músico puede desaparecer detrás de la obra sin volverse invisible. Es una concepción opuesta al espectáculo basado sólo en la imagen, un contraste que también atraviesa el legado visual que Bob Mackie construyó para grandes escenarios.

Los bises y una clausura sin grandilocuencia

El concierto continuó con dos impromptus de Schubert, un vals de Chopin, un allegro de Mozart, una pieza de Bartók y El campesino alegre que regresa del trabajo, del Álbum para la juventud de Schumann. La secuencia cruzó estilos sin perder la intimidad construida durante la noche.

Terminar con una canción infantil evitó el cierre monumental que podía sugerir la Opus 111. Después de una experiencia extensa, Schiff eligió la sencillez. Ese gesto devolvió al público a una escucha elemental y recordó que profundidad no significa necesariamente solemnidad o volumen.

La vigencia de una interpretación que sabe explicar

La función integró la 74ª temporada del Mozarteum Argentino y marcó la primera participación del pianista en ese ciclo. El valor de la noche no residió sólo en la cantidad de compositores ni en su duración, sino en la coherencia con que fueron relacionados.

En tiempos de fragmentos breves y circulación acelerada, un recital de esa extensión propone otra escala de atención. No la impone: la construye mediante contraste, humor y claridad. Como en otros regresos y encuentros largamente esperados con el escenario, la experiencia se vuelve significativa cuando la técnica está al servicio de una relación directa con el público.

Schiff mostró que explicar música no consiste en traducirla a una fórmula. Sus palabras abrieron puertas; las interpretaciones conservaron la complejidad. La lección final fue menos una conclusión que una práctica: escuchar conexiones, aceptar silencios y permitir que una obra conocida vuelva a producir preguntas.

András SchiffTeatro ColónMozarteum ArgentinoBachMozartBeethoven

Rocío Benítez

Periodista cultural enfocada en música, cine, artes escénicas e industrias creativas. Busca contar las obras junto con las discusiones sociales que abren.

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