La creadora de Tilly Norwood, Eline van der Velden, aseguró que el personaje generado con inteligencia artificial no fue concebido para competir con intérpretes humanos. La productora defendió el proyecto como una construcción narrativa y afirmó que su desarrollo abrió nuevas tareas dentro de su empresa.
Tilly fue presentada en 2025 por Xicoia, la división de inteligencia artificial de Particle6. Su aparición provocó críticas de actores y sindicatos por el posible uso de identidades, el reemplazo laboral y la falta de reglas claras para los personajes sintéticos.
La defensa de su creadora
Van der Velden comparó la relación del público con Tilly con la que existe frente a personajes animados. Su argumento es que la empatía depende de la historia y no de que el personaje tenga una existencia física fuera de la pantalla.
También sostuvo que el proyecto generó alrededor de 40 puestos en áreas creativas y técnicas. La cifra procede de la propia empresaria y describe su compañía; no permite concluir por sí sola cuál será el efecto de estas herramientas sobre toda la industria.
Los puntos que siguen en discusión
El conflicto excede a un personaje. Guionistas, actores, técnicos y productores discuten quién autoriza el uso de rostros y voces, cómo se remunera el trabajo que alimenta los modelos y de qué manera se identifica un contenido sintético ante la audiencia.
La existencia de una figura digital tampoco elimina el trabajo humano. Detrás de una producción intervienen dirección, escritura, diseño, animación, edición y sonido. El interrogante es cómo se distribuyen el crédito, los derechos y los ingresos.
Transparencia antes que confusión
Presentar a Tilly como una “actriz” funciona como una etiqueta comercial, pero puede inducir a equipararla con una persona. Una comunicación responsable debería señalar que se trata de un personaje generado mediante IA y detallar si incorpora materiales autorizados de terceros.
El debate no queda resuelto por la promesa de que una tecnología no reemplazará empleos. La prueba estará en los contratos, la trazabilidad de los materiales, la participación de trabajadores humanos y la capacidad de las audiencias para reconocer qué están viendo.
