Agenda Plural · Buenos Aires · 18 de septiembre de 2026Edición digital · Periodismo independiente
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Teatro · Literatura

Murió Griselda Gambaro, figura clave del teatro nacional

Con obras que confrontaron la violencia, el poder y la condición humana, Gambaro deja un legado que excede el teatro y marca la literatura argentina.

Escritorio con máquina de escribir, manuscritos y maqueta teatral junto a una ventana porteña
La imagen evoca un espacio de creación dramatúrgica y no representa el escritorio personal de Gambaro.

Por Editora de Cultura y Espectáculos

Espectáculos · 6 min de lectura
98Años de vida
1963Primer libro publicado
70Años de pareja con Distéfano

El teatro y las letras de la República Argentina despiden a una de sus figuras más lúcidas, comprometidas y revolucionarias de la segunda mitad del siglo XX. Griselda Gambaro, dramaturga, narradora, ensayista y referente ineludible de la cultura iberoamericana, falleció a los 98 años de edad en la Ciudad de Buenos Aires. Su deceso, confirmado oficialmente por la Asociación Argentina de Actores y la Secretaría de Cultura de la Nación, motivó unánimes muestras de pesar de la comunidad artística y reabre la reflexión sobre una obra colosal que desafió con audacia las convenciones estéticas y los abusos del poder.

El fallecimiento de Gambaro se produjo apenas dos meses después de la partida de quien fuera su compañero de vida durante más de siete décadas, el célebre artista visual y escultor Juan Carlos Distéfano. Juntos conformaron un binomio creativo imprescindible en la vanguardia argentina, atravesando épocas doradas de experimentación artística, los rigores de la censura estatal, las penurias del exilio forzado durante los años de plomo y un regreso fecundo con la recuperación de la institucionalidad democrática a partir de 1983.

La ruptura con el realismo y los años del Di Tella

Nacida en el barrio porteño de Barracas en julio de 1928, Gambaro irrumpió con fuerza arrolladora en el panorama escénico a mediados de la década de 1960. Mientras la cartelera de la avenida Corrientes y los teatros oficiales mantenían su apego a formas tradicionales del realismo costumbrista, obras emblemáticas como El desatino (1965), Los siameses (1967) y El campo (1968) sacudieron los cimientos de la dramaturgia rioplatense desde el mítico Centro de Experimentación Audiovisual del Instituto Di Tella.

Con un lenguaje despojado, cargado de elipsis inquietantes, humor negro y situaciones de sometimiento corporal y psicológico, Gambaro incorporó elementos afines al teatro del absurdo de Samuel Beckett y Eugène Ionesco, pero dotándolos de una lectura profundamente arraigada en las tensiones políticas de su país. Esa vocación por renovar los códigos del escenario se mantiene como una referencia obligada en cada temporada, visible en reconocimientos a la innovación escénica como las candidaturas de los Premios ACE a la cartelera porteña, donde la vitalidad del circuito independiente abreva constantemente en su legado.

Censura, persecución y el exilio europeo

La mirada crítica de Gambaro sobre la crueldad, la pasividad social frente al atropello y la degradación institucional convirtió a sus textos en un blanco predilecto del autoritarismo. En 1977, mediante un decreto del dictador Jorge Rafael Videla, la junta militar prohibió de manera taxativa la circulación de su novela Ganarse la muerte por considerarla contraria a las pautas morales impuestas por el régimen cívico-militar. Amenazada de muerte y con sus piezas teatrales vetadas en todas las salas del país, la autora debió emprender el exilio junto a su familia hacia Barcelona y luego diversas capitales europeas.

En el destierro concibió una de sus obras maestras más estremecedoras: Información para extranjeros (1973), concebida como un recorrido físico de espectadores por habitaciones a oscuras donde se escenifican secuestros, torturas y complicidades cotidianas. El texto no fue estrenado en la Argentina hasta varios años después del fin de la dictadura, erigiéndose como un testimonio pionero sobre la metodología clandestina del terrorismo de Estado. La perseverancia en narrar verdades complejas dialoga con el rigor de producciones teatrales internacionales de alto impacto, donde la destreza técnica y el mensaje se conjugan para sacudir la sensibilidad del espectador.

Antígona furiosa y el teatro de la memoria

Con la restauración democrática, Gambaro regresó al centro del quehacer cultural y entregó piezas cumbre del repertorio nacional. En 1982 estrenó La malasangre, protagonizada por Soledad Silveyra, una alegoría sobre el despotismo y la opresión patriarcal ambientada en la época rosista. Cuatro años más tarde alumbró Antígona furiosa (1986), una formidable reescritura del clásico griego que dialogó de forma directa con los reclamos de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo por el derecho al duelo, la sepultura digna y la memoria de las víctimas de la represión.

Su trayectoria mereció innumerables galardones, entre ellos múltiples Premios Konex, el Premio de Honor de Argentores, el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes y el nombramiento como Doctora Honoris Causa por varias universidades argentinas y extranjeras. La precisión de su dramaturgia, construida sin concesiones al aplauso fácil ni a fórmulas preconcebidas, se emparenta con la búsqueda de perfección y hondura espiritual que distingue a los grandes maestros de la música clásica, donde cada silencio y cada nota cumplen un propósito dramático irremplazable.

Un legado vivo que desafía el presente

Más allá de las tablas, la producción narrativa de Gambaro incluye novelas memorables como Nada que ver con otra historia, Dios no nos quiere contentos y El mar que nos trajo, donde exploró la memoria inmigrante y la búsqueda de identidad. Sus libros fueron traducidos al inglés, francés, alemán, italiano y portugués, convirtiéndola en la dramaturga argentina con mayor proyección internacional de su tiempo.

Griselda Gambaro deja un magisterio ético fundamentado en una convicción inquebrantable: el arte no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento del semejante ni ante los desmanes del poder. En una escena teatral como la de Buenos Aires, vibrante y diversa, su voz perdurará en cada elenco joven que se atreva a formular preguntas incómodas y a considerar al espectador como un testigo activo de su época.

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Rocío Benítez

Periodista cultural enfocada en música, cine, artes escénicas e industrias creativas. Busca contar las obras junto con las discusiones sociales que abren.

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