El Teatro Colón abrirá sus puertas a una de las propuestas escénicas más ambiciosas de la temporada oficial con el estreno de Principio de éxtasis, una creación coreográfica y teatral concebida por el prestigioso director madrileño Goyo Montero que traslada al lenguaje del movimiento y la plástica visual el universo poético de El Aleph, la célebre obra maestra que Jorge Luis Borges publicó originalmente en 1945 y que consagró definitivamente su estatura dentro de la literatura universal.
La superproducción reúne a un elenco de cincuenta bailarines del Ballet Estable en una puesta concebida a partir de una rigurosa convergencia de disciplinas estéticas. En lugar de limitarse a una ilustración lineal o mimética del relato literario de Borges, Montero eligió trabajar sobre los núcleos filosóficos y sensoriales del cuento: la infinitud inalcanzable de la memoria, el dolor irremediable de la pérdida amorosa frente a la muerte de Beatriz Viterbo y el asombro vertiginoso ante ese punto microscópico descubierto en el sótano de una casona de la calle Garay donde convergen todos los lugares del cosmos.
La confluencia del sonido y la palabra
El entramado musical constituye uno de los pilares determinantes del espectáculo. Gustavo Santaolalla, doble ganador del premio Oscar por sus partituras cinematográficas, trabajó codo a codo con Owen Belton para tejer una trama sonora en la que conviven instrumentos tradicionales sudamericanos, texturas electroacústicas procesadas y motivos sinfónicos ejecutados por integrantes de la Orquesta Estable del coliseo porteño. La combinación logra sumergir a los espectadores en una atmósfera envolvente donde los silencios y las resonancias graves cobran tanto peso como los pasajes de mayor tensión orquestal.
Sobre ese fondo sonoro emerge la narración en off de Ricardo Darín, cuya dicción pausada, sobria y cercana rescata la ironía sutil y la desesperación íntima del narrador borgeano. La voz de Darín no funciona como un doblaje ilustrativo ni como un recitado externo, sino que dialoga rítmicamente con las entradas de los bailarines, marcando las respiraciones de los solos y funcionando como un hilo conductor que articula las distintas viñetas dramáticas que componen la estructura de la pieza.
Arquitectura escénica y plasticidad corporal
El dispositivo escenográfico fue diseñado por el artista visual contemporáneo Eduardo Basualdo, ampliamente reconocido en bienales internacionales por sus instalaciones mecánicas y sus intervenciones sobre el espacio físico habitable. Basualdo concibió una serie de estructuras geométricas móviles que se desplazan sobre el escenario principal del Colón mediante sistemas de poleas y contrapesos, transformando de forma continua la profundidad de la escena y generando la sensación óptica de que el espacio teatral se expande y se contrae al compás de la narración.
El diseño de vestuario e iluminación, desarrollado con minuciosidad por Mariana Tirante, refuerza esa búsqueda de abstracción espacial. Las luces rasantes, cálidas en los momentos íntimos y de una frialdad plateada cuando se invoca la revelación del Aleph, esculpen las siluetas de los cincuenta intérpretes que pueblan el tablado. Cada bailarín encarna facetas simultáneas de la memoria, replicando gestos cotidianos que se transforman progresivamente en patrones de danza contemporánea de altísima exigencia técnica.
El antecedente de Goyo Montero y el desafío borgeano
Goyo Montero no es un desconocido para el público habitué del Teatro Colón. El coreógrafo español, que dirigió durante más de una década el Ballet de Núremberg en Alemania, había presentado con enorme repercusión de crítica su pieza Chacona, montada sobre la música de Johann Sebastian Bach, donde demostró su habilidad para manejar masas corales complejas sin disolver la individualidad expresiva de cada intérprete. Con Principio de éxtasis, Montero da un paso aún más audaz al medirse con un texto que muchos consideraban inadaptable al movimiento escénico.
El texto de Borges plantea un dilema insalvable: cómo relatar mediante palabras sucesivas una experiencia sensorial que por definición ocurre de manera instantánea y simultánea. Montero aprovecha las posibilidades de la danza para resolver esa aparente contradicción, disponiendo que múltiples acciones físicas se desarrollen al unísono en diferentes cuadrantes del escenario, permitiendo que la mirada de cada espectador elija libremente su propio recorrido visual dentro de la totalidad inabarcable.
Expectativa de boletería y temporada oficial
Las autoridades de la sala confirmaron que el ciclo de funciones se extenderá a lo largo de dos semanas con localidades prácticamente agotadas desde las primeras jornadas de preventa, anticipando un acontecimiento de notable impacto para la vida cultural de Buenos Aires. La obra no solo representa un tributo genuino a uno de los mayores autores de la lengua española, sino también una demostración elocuente de la capacidad de las instituciones públicas de artes escénicas para generar producciones vanguardistas con estándares internacionales de excelencia.
Al término de cada ensayo general abierto para estudiantes de escuelas artísticas y conservatorios provinciales, las ovaciones espontáneas reflejaron el magnetismo de una propuesta que borra las fronteras entre literatura, artes plásticas, danza contemporánea y experimentación musical en el escenario mayor de la Argentina.
