La Ciudad de Buenos Aires fue escenario este sábado de una jornada gastronómica, cultural y comunitaria verdaderamente histórica con la elaboración del alfajor más grande del mundo, una hazaña de la pastelería artesanal argentina que congregó a más de quince mil vecinos, turistas y jóvenes en la Plaza de las Naciones Unidas, en el selecto barrio porteño de Recoleta. La iniciativa formó parte de la programación central del festival «Cafecito BA» y contó con la participación estelar del reconocido streamer y creador de contenidos santafesino Iván «Spreen» Buhajeruk, quien junto a una brigada de destacados maestros pasteleros encabezó el pesaje y certificación de una golosina monumental que superó con holgura los 600 kilogramos de peso neto, batiendo un nuevo récord de la gastronomía popular nacional.
Bajo la imponente y metálica figura de la Floralis Genérica, que sirvió como telón de fondo para el acontecimiento popular, el equipo de pasteleros profesionales trabajó de manera ininterrumpida durante más de doce horas para ensamblar las capas del megaalfajor. La estructura, de casi dos metros y medio de diámetro y una altura superior a los cuarenta centímetros, demandó el empleo de más de trescientos kilogramos del más puro dulce de leche repostero artesanal, ciento cincuenta kilos de masa horneada con harina de trigo seleccionada, manteca y miel de caña, y un baño de cobertura de chocolate semiamargo superior a los ochenta kilogramos que confirió a la pieza su textura y brillo característicos.
El proceso de elaboración técnica y las medidas de higiene
La confección de un producto de semejante envergadura planteó un desafío logístico y sanitario de máxima rigurosidad técnica. Para garantizar la inocuidad y la uniformidad de la masa, los organizadores montaron una carpa climatizada con pisos sanitarios desmontables y estrictos protocolos de manipulación de alimentos supervisados por inspectores de la Agencia Gubernamental de Control (AGC) del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. La cocción de las tapas gigantes requirió hornos industriales modulares diseñados especialmente para la ocasión, evitando quiebres en la masa durante las maniobras de montaje.
El momento cumbre de la tarde se vivió cuando los maestros pasteleros, asistidos por grúas manuales y espátulas de escala industrial, aplicaron el relleno uniforme de dulce de leche sobre la base circular. El público presente, compuesto por familias enteras, contingentes de estudiantes y entusiastas de la cultura dulce rioplatense, acompañó cada movimiento con aplausos y cánticos festivos, celebrando la destreza de un oficio que forma parte inalienable del patrimonio identitario y afectivo de los hogares argentinos.
El fenómeno del streaming y la convocatoria de las nuevas generaciones
La presencia activa de Spreen en la conducción del evento aportó un dinamismo singular que atrajo masivamente a miles de adolescentes y niños acompañados por sus padres, tender un puente intergeneracional entre las tradiciones gastronómicas centenarias y los nuevos lenguajes de la comunicación digital. Con millones de seguidores en plataformas globales como Twitch, YouTube y Kick, el streamer oriundo de Santo Tomé transmitió en vivo las alternativas del armado del alfajor, alcanzando picos de más de cien mil espectadores simultáneos en todo el mundo hispanoparlante.
«El alfajor es el símbolo indiscutido de nuestra argentinidad en cualquier rincón del planeta. Poder estar acá en Recoleta compartiendo esta locura hermosa con tanta gente, riéndonos y demostrando lo que podemos hacer cuando nos unimos con buena onda es un orgullo inexplicable», manifestó el joven comunicador visiblemente emocionado frente a la multitud que coreaba su nombre y celebraba la degustación de las primeras porciones recién cortadas.
El alfajor como emblema del patrimonio y la industria nacional
Especialistas del sector de la pastelería y directivos de la Asociación de Distribuidores de Golosinas y Afines (ADGyA) recordaron que la Argentina es el país con mayor consumo y producción de alfajores por habitante en todo el mundo, con un promedio que supera las mil millones de unidades comercializadas anualmente entre kioscos escolares, cafeterías de barrio y marcas artesanales de exportación. El acontecimiento celebrado en la Plaza de las Naciones Unidas funcionó como una vidriera inmejorable para jerarquizar el trabajo de las pequeñas y medianas empresas familiares que mantienen viva la receta original de cada provincia.
La celebración puso también de relieve la asombrosa diversidad regional del producto icónico: desde el tradicional alfajor santafesino de masa hojaldrada y glaseado crujiente hasta las variantes cordobesas rellenas de dulces de frutas serranas y los clásicos marplatenses de doble cobertura, pasando por los exponentes norteños a base de harina de algarroba o nuez. Maestros alfajoreros llegados de diferentes provincias montaron puestos de exhibición para difundir las materias primas autóctonas que sustentan a miles de microemprendimientos en todo el país.
Al caer la tarde sobre Recoleta, las porciones del alfajor récord continuaron distribuyéndose en bandejas ecológicas entre vecinos y turistas extranjeros maravillados por la fiesta urbana, mientras vehículos de la organización trasladaban cientos de kilogramos hacia instituciones de asistencia comunitaria y merenderos del área metropolitana. Una jornada luminosa y festiva que ratificó al alfajor no solo como un manjar irresistible del paladar popular, sino como un poderoso punto de encuentro solidario en el espacio público de la Ciudad de Buenos Aires.
