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Karakachoff, memoria radical a 50 años

A 50 años de su asesinato, la figura de Sergio Karakachoff recupera el vínculo entre derechos humanos, militancia radical y renovación democrática.

Escritorio de archivo con máquina de escribir, expedientes y un clavel blanco
La escena de archivo representa el trabajo jurídico y político de una generación perseguida por la dictadura.

Por Directora editorial · Política

Política · 6 min de lectura
50 añosDel asesinato
37 añosEdad al morir
1976Año del secuestro

El 9 de septiembre de 1976, Sergio “el Ruso” Karakachoff fue secuestrado en La Plata junto con su socio, Domingo Teruggi. Tres días después, ambos fueron hallados asesinados junto a la ruta 36, en Magdalena, con signos de tortura y disparos. Medio siglo más tarde, su historia vuelve a interpelar a la democracia argentina porque reúne militancia universitaria, defensa de trabajadores, periodismo y renovación política dentro de la Unión Cívica Radical.

Karakachoff tenía 37 años y conocía el riesgo que corría. La represión ilegal ya había alcanzado a dirigentes y abogados, entre ellos Mario Abel Amaya e Hipólito Solari Yrigoyen. Los hábeas corpus presentados por sus allegados no lograron detener un dispositivo clandestino que actuaba fuera de toda garantía judicial.

De la militancia estudiantil a la defensa de trabajadores

Nacido en 1939, Karakachoff pasó por el Liceo Naval y el Colegio Nacional de La Plata, donde presidió el centro de estudiantes. Estudió periodismo y Derecho en la Universidad Nacional de La Plata. En ese ambiente participó de una agrupación reformista que utilizó la franja morada como identificación, años antes de que se consolidara como emblema nacional del radicalismo universitario.

Ya abogado, trabajó junto con Ricardo Cornaglia en la defensa de obreros y mantuvo vínculos con la CGT de los Argentinos. Esa práctica conectó libertades públicas con derechos laborales. Su recorrido permite leer en perspectiva debates institucionales posteriores, como las audiencias para cubrir cargos judiciales, donde la independencia y el debido proceso siguen siendo centrales.

La Junta Coordinadora y la renovación radical

Karakachoff fue uno de los fundadores de la Junta Coordinadora Nacional y acompañó la primera candidatura presidencial de Raúl Alfonsín. Su generación cuestionaba las estructuras cerradas del partido y proponía una democracia con participación social, universidades activas y protección efectiva de las libertades. Muchas de esas ideas ganarían protagonismo en la década de 1980, que él no llegó a ver.

Su figura no debe reducirse a una anticipación del triunfo electoral de 1983. También ayuda a comprender cómo se formaron redes políticas durante gobiernos autoritarios y qué costo tuvo sostener una actividad pública sin recurrir a la violencia. El recuerdo de otras trayectorias democráticas vinculadas con la Justicia muestra que las biografías políticas adquieren sentido cuando se conectan con instituciones y decisiones concretas.

Periodismo, debate y cultura política

En 1974 integró el proyecto del diario La Calle, dirigido por Martha Mercader, donde confluyeron radicales intransigentes y comunistas. La experiencia fue clausurada rápidamente. Su paso por la prensa expresa otra dimensión de su militancia: intervenir en el debate público con argumentos, aun cuando la censura y la persecución reducían los espacios disponibles.

Quienes compartieron militancia lo recordaron como un polemista filoso y exigente. Esa incomodidad intelectual formaba parte de una cultura política que discutía programas, organización y vínculos con el movimiento obrero. La actualidad de ese método contrasta con internas sostenidas sólo por nombres, como muestran las disputas contemporáneas dentro del oficialismo.

El secuestro y la respuesta pública

El operativo comenzó cuando hombres de civil buscaron a sus hijas en una guardería. La directora logró protegerlas. Karakachoff fue capturado más tarde en la casa de Teruggi. El hallazgo de los cuerpos ocurrió el 12 de septiembre. Pese al estado de sitio, centenares de personas acompañaron el cortejo hasta el cementerio de La Plata.

Participaron dirigentes como Ricardo Balbín, Raúl Alfonsín, Conrado Storani y Anselmo Marini. Federico Storani habló desde el balcón del comité partidario y destacó el respeto de los adversarios y el temor de quienes perseguían a Karakachoff. La escena reveló que, incluso bajo represión, el duelo podía convertirse en una denuncia cívica.

Por qué su legado conserva vigencia

La democracia no se agota en elecciones. Necesita abogados independientes, universidades abiertas, sindicatos con derechos y medios capaces de investigar. Los debates sobre reformas del sistema judicial vuelven a plantear cómo se distribuye el poder y qué controles protegen a la ciudadanía.

Karakachoff escribió que un militante no busca ser héroe, sino decidir sobre su propia vida y su futuro. Recordar esa frase exige evitar tanto la idealización como el olvido. Su asesinato fue parte del terrorismo de Estado; su trayectoria previa pertenece a una discusión más amplia sobre participación, pluralismo y justicia social.

La transmisión de esa memoria también depende de archivos, testimonios y políticas educativas capaces de conservar contexto. Nombrar fechas, lugares y redes de pertenencia impide que la violencia estatal aparezca como un episodio abstracto y permite comprender por qué las garantías constitucionales necesitan instituciones que las hagan efectivas.

A cincuenta años, el homenaje más preciso consiste en reconstruir hechos documentados y mantener abiertas las preguntas que guiaron su actividad. La memoria democrática gana profundidad cuando identifica víctimas, responsabilidades y proyectos políticos, sin convertir una vida compleja en una consigna aislada.

En La Plata, esa reconstrucción une espacios universitarios, profesionales, sindicales y partidarios que formaron parte de su vida pública. Preservar documentos y contrastar testimonios permite que las nuevas generaciones comprendan tanto la dimensión personal del crimen como el ataque colectivo contra quienes defendían derechos y participación política.

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Malena Quiroga

Periodista y editora con experiencia en cobertura parlamentaria y gestión pública. Coordina la agenda diaria y supervisa los procesos de verificación de la redacción.

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