A cuatro años y medio del trágico y alevoso homicidio que enlutó para siempre a la comunidad del rugby argentino y sacudió a la opinión pública de la sociedad francesa, el Tribunal Penal de la ciudad de París dará inicio formal este lunes 7 de septiembre al trascendental juicio oral y público contra los dos militantes de extrema derecha acusados de haber emboscado y acribillado a balazos al exintegrante del seleccionado nacional de Los Pumas, Federico Martín Aramburú, en las inmediaciones del céntrico Boulevard Saint-Germain tras una discusión iniciada en un café del barrio latino de la capital gala.
En el banquillo de los acusados comparecerán detenidos el principal imputado material, Loïk Le Priol —un ex comando de las fuerzas especiales de la Marina francesa de 32 años y notoriedad pública como referente de la disuelta agrupación neofascista Groupe Union Défense (GUD)—, y su estrecho colaborador Romain Bouvier, de 34 años, quien también abrió fuego contra la víctima indefensa. Ambos extremistas deberán responder ante un jurado popular bajo los gravísimos cargos de asesinato premeditado y tentativa de asesinato agravado, mientras que la joven Lyson R., pareja de Le Priol en el momento del hecho, afrontará cargos en libertad bajo la imputación de complicidad por haber conducido el automóvil en el que huyeron tras consumar el tiroteo mortal.
La reconstrucción de la trágica madrugada en Saint-Germain
Los hechos que ventilará el tribunal parisino a lo largo de tres intensas semanas de audiencias orales se remontan a la fría madrugada del 19 de marzo de 2022. Federico Martín Aramburú, recordado medallista de bronce con Los Pumas en la histórica Copa del Mundo de Francia 2007 y exjugador del Club Atlético de San Isidro (CASI), se encontraba en París junto a su íntimo amigo y socio comercial Shaun Hegarty —también exjugador de rugby del club Biarritz Olympique— para presenciar en el Stade de France el partido definitorio del torneo Seis Naciones entre los seleccionados de Francia e Inglaterra.
Alrededor de las seis de la mañana, mientras compartían una copa en la terraza del tradicional bar Le Mabillon, se desató un breve pero tenso altercado verbal con un grupo de jóvenes que se encontraban en una mesa vecina, integrado por Le Priol y Bouvier. Según las declaraciones testimoniales y los registros de las cámaras de seguridad municipales, los militantes de ultraderecha profirieron comentarios racistas e insultos despectivos hacia extranjeros, lo que motivó la intervención pacificadora de Aramburú. Aunque el personal de seguridad del local intervino para separar a las partes y los agresores abandonaron el lugar, Le Priol y Bouvier regresaron apenas diez minutos más tarde a bordo de un vehículo y armados con pistolas semiautomáticas de grueso calibre para emboscar a los dos deportistas cuando caminaban rumbo a su hotel.
La persecución armada y la contundencia de las pericias
La acusación fiscal sostiene que el ataque constituyó una emboscada planificada al detalle y no un desenlace involuntario de una gresca callejera, tal como intentaron sostener las defensas de los imputados a lo largo de la instrucción judicial. Los informes balísticos de la Policía Judicial francesa determinaron que Bouvier efectuó los primeros disparos desde el interior del rodado, impactando cerca de los pies de Hegarty, y que segundos después Le Priol descendió a la carrera, persiguió a Aramburú sobre la vereda del Boulevard Saint-Germain y vació su cargador a corta distancia, impactando seis proyectiles en el cuerpo del deportista argentino, dos de ellos en órganos vitales que le ocasionaron la muerte instantánea sobre la vereda.
La causa penal debió sortear complejas instancias procesales hasta llegar al plenario oral. En febrero de este año, la Cámara de Casación de Francia anuló una controvertida resolución de primera instancia que intentaba calificar el hecho como homicidio voluntario sin premeditación, ordenando que los jueces del fuero penal juzguen a los activistas bajo la carátula más severa del Código Penal galo, la cual contempla penas de reclusión perpetua con un período mínimo de seguridad de veintidós años.
El dolor de la familia y el acompañamiento del rugby mundial
El juicio contará con la presencia permanente de la viuda del rugbier, María Paula Aramburú, quien viajó especialmente desde la ciudad vascofrancesa de Biarritz —donde residía con el deportista y sus tres pequeños hijos— para presenciar cada una de las jornadas testimoniales. Acompañada por prestigiosos abogados penalistas franceses, la querella de los familiares buscará demostrar que el crimen estuvo motorizado por una ideología de odio extremo y una violencia paramilitar que no admite atenuantes.
Dirigentes de la Unión Argentina de Rugby (UAR), de la Federación Francesa de Rugby y excompañeros de camada de Los Pumas han manifestado su apoyo incondicional a la familia, convocando a una vigilia silenciosa frente a las escalinatas del Palacio de Justicia parisino. La memoria de Federico Martín Aramburú, un deportista ejemplar caracterizado por su humildad, nobleza y alegría contagiosa, clama por una sentencia ejemplar que cierre una de las páginas más oscuras y dolorosas de la violencia callejera en el continente europeo.
